70 Viviendas en Palma del Río (Córdoba). Ángel Marchena Rodríguez.
“Quienes conocimos épocas anteriores, en que los auténticos problemas sociales permanecían desatendidos…”
Quienes no conocimos épocas anteriores, mas como paulatina desaparición de lo que había movido el mundo de nuestros padres en derredor, no podíamos imaginar la fértil aportación que hoy podemos recibir de lo dicho entonces, en cuanto a la comprensión y, sin duda, en cuanto a la formación arquitectónica, social, y cultural, hábil para producir y para integrar los resultados de las experiencias con las que aún convivimos. Lo dicho entonces no fue sustanciación de la palabra por el hecho arquitectónico, hierático casi siempre, y por ello alejado de lo social, sino que el empleo de los términos modernos, más cercanos, por acariciar una apariencia oral, aun en el empleo de técnicas de reproducción para la masa, es lo que fijaría el interés en este pequeño estudio de las 70 viviendas sociales para Palma del Río del arquitecto cacereño Ángel Marchena Rodríguez.
Estas viviendas, publicitadas en la revista “Hogar y Arquitectura” nº 21, de marzo-abril de 1959, ejercen sobre el lector de hoy una enérgica focalización sobre algunos aspectos que coincidirían con la percepción que los ahora decanos de la profesión tienen cuando de sí mismos han de hablar. Por su voz sabemos que se sienten el punto de partida de la arquitectura contemporánea en España y que su aprendizaje, para esa conciencia, se forjó en un campo de especialización, sin descriptor reglado en las Escuelas de Arquitectura actuales, que administraba una necesaria “Formación Política en Arquitectura”.
La revista “Hogar y Arquitectura”, como publicación bimestral de la Obra Sindical del Hogar, perteneciente a la Delegación Nacional de Sindicatos, era el medio oficial de dar cuenta de los avances que en materia de vivienda social se producían con respecto a las etapas anteriores al Movimiento y de los logros posteriores, cuya consecución se debió en gran medida a los progresos en el acceso al suelo, las ventajas fiscales, la regulación de la propiedad horizontal y unos créditos baratos. Todo ello, y la dedicación y capacidad de los arquitectos, con los ojos puestos primero en Alemania, y luego en EEUU.
En su número 1, en su primera página, la editorial, que no se firma, en aras de un espíritu de anonimato que sólo revele la presencia del Caudillo, cuya foto se encuadra columnariamente con la cita con que se encabeza este texto, utiliza como estilística literaria la de la epístola en una distante pero convencida primera persona del plural, en la que destacan los términos “orden” y “renovación” para la solución de los problemas sociales. La maquetación de la página, en caja, enfrentando únicamente texto –abajo- y retrato –arriba, a la derecha- por la esquina y la utilización de la letra capital, deja poco lugar a otras posiciones. Los dos espacios restantes, rectangulares y en blanco, quedan completamente supeditados a las cajas en cuanto al orden rotundo que marcan, y el contenido del texto rompe con lo inconveniente del pasado para su renovación. Porque, como extensión de los contenidos de propaganda, que se ataban a cohetes para mayor difusión en el 38, la vivienda social no iba a ser ya un “edificar casas ramplonas, como en las que hasta ahora han vivido los obreros, sino de levantar hogares alegres, modernos e higiénicos”.
Hará unos 40 años que Argan hablaba del arte moderno como arte popular, cercano, social, echando mano de Le Corbusier y de Gropius para sostener el carácter asimismo social que promueve la arquitectura, la arquitectura moderna. De esta manera, la figura del técnico proyectista se yergue en un ser anónimo, como el técnico-escribano de la editorial del nº1 de “Hogar y Arquitectura”, porque está fuera de la clase dirigente y de la clase obrera y es, al mismo tiempo, y según el historiador italiano “un ideador y un ejecutor potencial”.
La lectura del texto que acompaña a los dibujos técnicos en el nº21 de 1959, escrito por el propio Marchena, parecería ratificar la dirección que todo debe tomar para la máxima eficacia. Desde las recomendaciones para los criterios de concisión de los boletines sindicales a las normas que el equipo de Asís Cabrero –jefe de la Oficina técnica de la OSH- dictaminó para las nuevas viviendas, el tono anónimo de Marchena revela la colectiva preocupación por la vivienda social en España. Una austeridad de argumentos, una descripción de medidas higienistas y de soleamiento, una rentabilidad sobre la base del material y la técnica constructiva, y una franqueza y sinceridad que incide en los anteriores preceptos como extensión de la norma moderna de pureza y verdad. Marchena, si se permite una licencia estética, será para señalar lo desagradable que es encontrar en todo el arco mediterráneo una exhibición de la ropa tendida, que no es de ningún modo, expresión del orden y modernidad que las fachadas preconizan, y distorsionan completamente los avances en el estudio de la familia alrededor de la planta como célula básica en la formación del Estado.
70 viviendas organizadas en 5 bloques agrupados en un 2+3, con retranqueos entre bloques y entre habitaciones, como máxima capacidad de ventilación, soleamiento y distracción de la monotonía en la composición. Cada bloque de tres plantas –optimización de la estructura portante- posee un único núcleo de escaleras y 4 viviendas por planta.
Carlos Tapia Martín.
Doctor Arquitecto.
Dpto. Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas.
Escuela de Arquitectura de Sevilla.
Junio 06.
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- Publicado:
- 21 noviembre 2010 / 22:43
- Categoría:
- Arquitectura
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