A house is not a home. La chimenea de Duchamp.
Publicado en blog de “La Ciudad Viva” COVT JJAA
Man Ray. Foto Publicada en EL País 11-08-2008
La fotografía de Man Ray, junto con algunos dibujos de su diseño, han sido las únicas referencias de una chimenea que realizó Marcel Duchamp poco antes de su muerte. De hecho, se recogía como última obra, junto con un tapón de bronce, que moldeó para la ducha del apartamento que tenía en Cadaqués, donde se suponía se había construido también la chimenea.
Hace muy poco tiempo se publicó en el diario el Pais [1] la reseña de un descubrimiento. En una afortunada sucesión de encuentros, se localizó el apartamento para el que Duchamp pensó chimenea y tapón y, además se halló la chimenea en óptimas condiciones de conservación. Recomendamos vivamente leer los artículos que refieren el proceso, uno de ellos de la propetaria del apartamento, especialmente interesante porque nos sitúa en una perspectiva singular sobre la relación entre el arte y la vida cotidiana, pero no ya solamente en la práctica artística, sino en la valoración del espacio habitable.
Pero volvamos a la imagen que tiene una calidad casi conmovedora. Hay algo de frágil en los alambres que delimitan la situación del hogar, que se recoge en la obra terminada, en palabras de su propietaria, casi como el vuelo de una falda, que apenas cubre un fuego interior. En una de las temáticas preferidas de Duchamp, las referencias al sexo femenino [2], juega un papel también importante la mirada. Mirar al fuego se convierte en el juego de la mirada prohibida, el voyeur que mira por debajo de la falda en un descuido. El fuego captura nuestra atención, como si en el consumirse de la leña se consumieran también nuestros deseos y pulsiones.
En la consumación de la obra se realiza también un paso que apenas podemos llegar a intuir desde la imagen, la materialización de una obra, sacralizada ya en el esbozo de su planteamiento. La chimenea y el tapón de bronce son respuestas a problemas habitacionales pero desde la manualidad y la imaginación del artista. A diferencia del famoso diagnóstico de Adolf Loos, tanto la chimenea como el tapón funcionan. La chimenea, como hogar, como dispensador de calor, el tapón como eficaz barrera para olores indeseados. La utilidad del arte marca la distancia entre la espacialidad arquitectónica moderna [3] y experimentación espacial artística, incluso en la década de los sesenta, y pese a los intentos de regeneración y reforma de la Arquitectura Moderna de las décadas siguientes.
Más aún, en la práctica artística de Duchamp, como en la de otros artistas coetáneos [4], lo que se plantea es la intimidad del Arte con la vida cotidiana, su necesidad de interacción con lo prefabricado, lo repetible, lo seriado, incluso con su vacío, interviniendo para solventar la inexistencia de un tapón industrial adecuado para una ducha en concreto. En Duchamp, sobrepasando el marco de la autoría como salvaguarda de reconocimiento de lo artístico, cada vez que aborda una nueva actividad, elimina una barrera sobre lo que se supone que la obra artística debe ser. La rotura del Gran Vidrio abre una puerta que sus siguientes obras van a convertir en una enorme brecha, por la que se ha diseminado la actividad artística desde entonces, hasta hacerse prácticamente infinita e impredecible [5].
Pero no era este el tema que queremos abrir al debate en este foro, sino más bien la relación que se intuye, a partir de estas prácticas entre Arte y Espacio, o si se quiere entre Arte y Vida. La inserción de la experimentación material y formal en lo habitable genera un espacio singular, lo concretiza, lo determina, lo cualifica. Cuanto más cualificado, estetizado, se convierte o se piensa un espacio, se le dota de una mayor capacidad ambiental. Cada vez más deseamos que nuestras casas sean ambientes a medida, aunque esas medidas nos vengan determinadas por las propuestas de algunas multinacionales de muebles o de diseño consumible.
El deseo de habitar se materializa en esos ambientes que, si quieren ser eficaces, deberán ser periódicamente renovados. Un hogar acoge una atmósfera, una sugerencia, y desde luego, el máximo número de pulsiones que podamos proyectar o recoger en ellos, de la misma manera que Duchamp proyectaba las suyas, moldeando materia, hilvanando sugerencias, combinando sensibilidad y necesidades. Si esta tarea puede hacerla todavía la Arquitectura es algo que está hoy en la discusión del papel de la profesión. Sin duda el Arte puede hacerlo pero al precio de su propia expropiación. El tapón de bronce lleva mucho tiempo expuesto en algún museo, muy lejos de la ducha que le daba y recibía su utilidad. La chimenea seguramente será vendida y, por lo tanto, trasladada al museo o colección que pueda pagar su precio de mercado, dejando aparcada su función, y su sentido tanto real como metafórico, en aras de su forma o su papel en la biografía del artista. Su esquina será cualquier esquina.
Sólo nos quedará entonces lo que teníamos en el principio, la fotografía de Man Ray, su desnudez y su fragilidad, que nos hablan de la separación entre casa y hogar, entre habitante, ética y estética, y que nos dice que nuestra identidad, que debería recibirse y recibir el espacio que nos rodea, acaba siendo un bien de consumo más, un simulacro que a veces se nos queda demasiado estrecho o demasiado ancho, como cada traje que dejamos atrás con los cambios de la moda. El alambre de la imagen está sepultado, cubierto por la obra final, como si fuese su estructura interior, su esqueleto, una osamenta que ha permitido reconocer la obra, y que subyace en su interior, pero que de hecho ha constituido la apariencia de la obra durante todo este tiempo hasta su descubrimiento.
Nos gustaría terminar con un extracto del artículo del que parte este texto, de Marina Oroza: “Con los ojos redondos escuchamos lo que pasaría si realmente la nuestra fuera la chimenea de Duchamp: la compraría el Museo de Filadelfia y nos podríamos comprar una casa….Sí, una casa, la chimenea, el hogar….Yo seguía pensando a gritos:”¡Hay que encender la chimenea!”. La chimenea empezó a embellecerse, a brillar como si fuera un diamante en bruto que estuviéramos puliendo con nuestra nueva mirada.”
Lo que se describe lo sentiríamos todos, de repente aquello que forma parte de nuestro paisaje cotidiano adquiere una nueva identidad, pasa a formar parte de un sistema de valores ajenos a lo cotidiano, se vuelve inaccesible, pero al mismo tiempo se convierte en la promesa del nuevo hogar, de una nueva posibilidad de acogernos en un espacio propio. Al fin y al cabo ¿qué haríamos nosotros si tuviésemos en nuestra casa la chimenea de Duchamp?
[1] Concretamente el día 11/08/2008, con dos artículos “La última obra de Duchamp” de Marina Oroza y “Tras las huellas perdidas de un genio del siglo XX” de C. Serra.
[2] Al mismo tiempo terminaba Etant Donnés
[3] podría discutirse si Adolf Loos pertenece o no a la Arquitectura Moderna, pero desde luego, algunos de sus planteamientos conceptuales son claramente adoptados por los teóricos de las Vanguardias arquitectónicas. Entre ellos, la determinación de la casa como bien de uso, fuera del ámbito de lo artístico.
[4] Sería imposible no pensar en Warhol.
[5] No queremos entrar en el sentido o los fines que puedan hacernos pensar si algo es arte o no, pero remito al interesante ensayo de Chantal Maillard sobre el tema. MAILLARD, CH. Contra el Arte y otras imposturas. Pre-textos. Valencia , 2009.
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Estás leyendo “A house is not a home. La chimenea de Duchamp.,” una entrada de Out_Arquias_Publicaciones
- Publicado:
- 5 marzo 2010 / 10:50
- Categoría:
- Outarquias
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